considero que para una auténtica revitalización es fundamental una formación permanente entendida como una "formación-acción " que se conciba como "formarse es transformarse";es decir, que la fomación apoye personal y comunitariamente la asimilación de los nuevos contenidos, la busqueda conjunta de ese nuevo rostro de la vida religiosa en las circunstancias concretas del grupo y,sobre todo, el ejercicio, la experiencia de actitudes, nuevas formas de relaciones que vayan "dibujando" la nueva expresión de la vida consagrada, alma de la Iglesia.