Interamericana

Comité Interamericano

La responsabilidad de la organización de las Asambleas Interamericanas ha recaído en el comité organizador conformado por cuatro Secretariados Generales: la CLAR, Confederación Latinoamericana de Religiosos y Religiosas, conformada por las Conferencias Nacionales de los países de América Latina y el Caribe; la Conferencia de Canadá (CRC); y las de los Estados Unidos (LCWR y CMSM), y los Presidentes de cada una de ellas. Estos se han reunido varias veces antes de cada reunión Interamericana y han definido todo el proceso. Las directrices de las Conferencias, luego de una consulta amplia, determinan el tema, el lugar, y el financiamiento de cada reunión. La logística de la Conferencia ha sido responsabilidad de la organización local de donde se haga la Asamblea.

Las reuniones han sido enriquecidas por numerosas actividades realizadas por grupos que trabajaron interculturalmente. Las actividades han orientado el trabajo hacia encuentros interpersonales e intercambios de experiencias. En general, se ha evitado la exposición individual de asuntos teóricos. Ha habido una intensión deliberada de convertir estas reuniones en encuentro entre hermanas y hermanos, buscando al Señor creando un clima de oración y de júbilo fraternal.

En cada una de las actas de las reuniones celebradas hasta el momento ha sido reconocido en detalle el apoyo sincero y el estímulo valioso que ha recibido de parte de la Congregación para la Vida Consagrada, así como también de parte de la Conferencia Latinoamericana de Obispos (CELAM) la Conferencia Episcopal de Canadá, la de los Estados Unidos y de varias Conferencias en Europa.

Finalmente, estas reuniones se han caracterizado por una profunda y dinámica actitud para desarrollar un diálogo interamericano. Estos encuentros han contribuido, de manera notable, a conocerse mejor, incrementando el aprecio de cado uno por el otro, lo que ha posibilitado un enriquecimiento mutuo que se desprende del intercambio de ideas, experiencias y esperanzas. Sin lugar a dudas, muchas barreras que nos separan se han superado paulatinamente. Gracias a estas reuniones se ha logrado establecer también una metodología para promover el difícil dialogo intercultural y, sobre todo, se ha dado un gran servicio, a la iglesia de Dios, aportando elementos que permitan la mejor comprensión de la Vida Religiosa. Estos encuentros ofrecen a la Vida Religiosa un claro testimonio de Unidad y Fraternidad. A 35 años del Concilio Vaticano II y en los albores del nuevo siglo, es oportuno reconocer toda la fortaleza extraída de estas, reuniones.

El diálogo intercultural e intereclesial, la responsabilidad compartida en el servicio de nuestra iglesia y el deseo de transformar la vocación profética de la Vida Religiosa en acciones concretas. Todo esto representa los frutos de los últimos 30 años. En el contexto de la tendencia creciente hacia la globalización de las economías neoliberales, lo cual tiene impacto devastador para nuestros pueblos, hemos aprendido a construir juntos una energía para continuar nuestra misión como religiosas y religiosos.