Mensaje Final del Seminario de Formación de Animadoras/es de Comunidades - Agosto 11 de 2011

Del 4 al 6 de agosto se llevó a cabo el Seminario de Formación de Animadoras/res de Comunidades en El Salvador. Se reunieron 125 Religiosas y Religiosos de América Latina y el Caribe, para participar en este Seminario organizado por la CLAR en la Casa de Oración Santísima Trinidad del municipio de Candelaria, departamento de Cuscatlán, justamente durante las fiestas patronales del Divino Salvador del mundo.

A continuación el Mensaje Final del Seminario de Formación de Animadoras/es de Comunidades

  * * *

MENSAJE FINAL

Hermanas y Hermanos:


Con la vocación común de animar las comunidades que nuestras Congregaciones nos han encomendado, nos hemos reunido 125 Religiosas y Religiosos de América Latina y el Caribe, para participar en este Seminario organizado por la CLAR en la Casa de Oración Santísima Trinidad del municipio de Candelaria, departamento de Cuscatlán, justamente durante las fiestas patronales del Divino Salvador del mundo.

Provenientes de 13 Conferencias Nacionales y 45 Congregaciones religiosas, iluminados por el tema de la “ministerialidad de la animación comunitaria al servicio de la vida” y el lema “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10), y orientados por el Plan Global 2009-2012, hemos venido a darnos apoyo en nuestra formación, mediante el compartir de nuestras experiencias pastorales, la reflexión sobre nuestro servicio y la búsqueda de nuevos caminos para garantizar un testimonio creíble y generador de vida, y procesos de humanización, con las hermanas y los hermanos que la Divina Providencia nos ha confiado.

Ahora nos afanamos a compartir, como María cuando “se puso en camino y fue de prisa a la montaña” a visitar a su prima Isabel (cf. Lc 1, 39), con nuestras comunidades locales, nuestras regiones, delegaciones y provincias, nuestras Conferencias nacionales y las Religiosas y Religiosos del Continente, “lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocamos con nuestras manos… Eso les anunciamos para que también ustedes estén en comunión con nosotros…, para que nuestra alegría sea completa” (1Jn 1, 1-4). Esta experiencia, que comenzó precisamente con una peregrinación en la fe por los caminos de la vida, el martirio y el reposo pascual de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, la compartimos al ritmo del diálogo-encuentro-envío del Maestro con los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35) que ha dinamizado un vivencial de acompañamiento que tuvimos estos días:

“Aquel mismo día, dos de los discípulos…iban hablando… se hacían preguntas…tenían sus ojos cegados. Pero Jesús en persona se acercó y comenzó a caminar con ellos…”

Durante la primera jornada dialogamos sobre las luces y sombras de nuestro caminar, y sentimos la incertidumbre de aquellos dos discípulos en: los problemas afectivos, la idolatría del personalismo, el rechazo de la institucionalidad, las dificultades en ejercicio de la autoridad y la animación, el equilibrio entre autonomía-flexibilidad-exigencia, la irrupción de nuevos modelos culturales marcados por la virtualidad, las  nuevas enfermedades psíquicas, la fragmentación de la familia, la concentración de las crisis en la vida comunitaria, la transpolación de los problemas individuales a la comunidad, la tendencia a la huída como forma de evasión, la brecha generacional, la búsqueda de protagonismos, la indiferencia y la inmadurez, la disparidad de conceptos de Vida Consagrada, nuestra falta de coherencia, nuestra acumulación de responsabilidades, lo difícil de nuestra misión…

Pero al mismo tiempo se fueron abriendo nuestros ojos ante: la diversidad cultural y de edad de nuestras hermanas y nuestros hermanos de comunidad, su pasión por Cristo y los pobres, la capacidad de escucha, la pedagogía del discernimiento, el testimonio martirial, la multiplicidad de dones y carismas, la vida de oración, las dinámicas de circularidad y descentralización de los últimos tiempos, la vitalidad de nuestros jóvenes y de nuestros ancianos, el liderazgo participativo, el crecimiento en la libertad, la solidaridad, la corresponsabilidad y la transparencia…

“Entonces Jesús les explicó lo que decían de Él las Escrituras…”

Durante la segunda jornada, bajo la sabia orientación de tres ponentes, reflexionamos sobre la compleja encrucijada humano-relacional de la Vida Religiosa y sus valores frente a los problemas y oportunidades de hoy, y sobre los referentes teológicos que fundamentan el ministerio de la animación. Este acercamiento a la antropología y la psicología de nuestra realidad humana, y a la teología de nuestra misión, nos ha permitido reafirmar estas convicciones inspiradas en la Palabra de Dios y confrontadas en varios talleres de profundización:

Todas y todos llevamos dentro elementos constructivos y enfermizos cuyo potencial se desata en la calidad de vida de nuestras comunidades; ellas, por su parte, deben ser focos de relación para la humanización y la deificación, inspirados en la familia trinitaria, una y diversa.

Tanto las animadoras y los animadores como los miembros de nuestras comunidades, anclamos  nuestra vida y misión en la pasión por Cristo encarnado, misericordioso y pascual, y en la pasión por la humanidad, sobre todo por aquella de los empobrecidos a los que reconocemos al mismo tiempo como rostros sufrientes de Cristo y verdaderos ciudadanos del Reino.

La finalidad última de nuestras comunidades es crear vínculos con nosotros mismos, con nuestros hermanos y con Dios, que se extiendan a nuestras instituciones para que sean espacios de animación y proyección misionera.

La comunidad humaniza, reconcilia y redime, en la medida en que acepte a las personas que la conforman, con sus cualidades y defectos; solo a partir de allí, y con la ayuda del diálogo, desata procesos de conversión personal, comunitaria y apostólica.

El ministerio de la animación pretende impulsar un estilo de vida en el espíritu de Dios que llama, de Jesucristo que envía y de la Ruah que libera; de esta manera acelera la llegada del Reino entre los pobres.

“Sentado a la mesa con ellos…lo reconocieron. En aquel mismo instante se pusieron en camino
y regresaron…”

Durante la tercera jornada, enriquecidos con un taller de humanización y un diálogo interpretativo de los tiempos actuales, nos preparamos para volver a las comunidades que intentamos animar por el camino nuevo de nuestras proyecciones:

- Socializar el Seminario, la experiencia de comunión y reflexión y el potencial transformador de estos días, en nuestras comunidades, nuestras Congregaciones y nuestras Conferencias.

- Impulsar procesos formativos que garanticen nuestra condición de servidoras/es animadas/os y animadoras/es.

- Cultivar en nuestro interior y en el de los miembros de nuestras comunidades la capacidad para la bondad, para dar sin buscar recompensa, para escuchar sin juzgar, para amar sin condiciones.

- Prepararnos para reinterpretar positivamente los fenómenos propios de estos tiempos en función de la realización de las personas, el seguimiento del Maestro, la proyección de nuestros carismas fundacionales y la creación de una Vida Religiosa nueva: más mística, más profética, más esperanzadora, más coherente, más significativa.

- Permanecer atentas/os al inhumano crecimiento del espiral de la violencia que azota a nuestros pueblos y que nos rodea y afecta.

- Impulsar procesos de inter-congregacionalidad y de superación de las barreras y los miedos que limitan la comunión y la equidad.

- Abrir las puertas de nuestras comunidades a compromisos incluyentes con la sociedad civil en proyectos de derechos humanos, justicia social, paz y ecología.

“Ellos, por su parte, contaban lo que les había ocurrido cuando iban de camino
 y cómo lo habían reconocido al partir el pan…”

Esta inolvidable experiencia que marcará para siempre nuestro ministerio de animación, la hemos concluido en la liturgia del icono de la trasfiguración que el Horizonte Inspirador de la CLAR de este trienio relaciona con el del encuentro de Jesús de Nazaret con la Sirofenicia y que nos mueve a transformar nuestras vidas por medio de la entrega hasta el martirio, como lo hiciera Monseñor Romero, después de haber encontrado a Cristo en los pobres y a los pobres en Cristo. El nos recuerda que: “El martirio es una gracia que no creo merecer, pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad” (Homilía del 16 de marzo de 1980).

Antes de partir, fortalecidos por las experiencias de oración de Lectio Divina y alimentados por el doble pan de la Palabra y la Eucaristía, agradecemos a la Presidencia y el Secretariado General de la CLAR, a la Comisión FAC-CLAR, al Presidente, la Junta Directiva y la Secretaria de la CONFRES, y a las Hermanas Carmelitas Misioneras de Santa Teresa, lo que hicieron por hacer realidad lo que hemos vivido estos días en favor de nuestra misión y de aquellas/os hermanas/os a las/os que amamos, servimos y animamos.

Pedimos a nuestra Señora de la Paz, patrona de El Salvador, que nos ayude a interiorizar la Palabra (cf. Lc 2, 19), a colmar de bienes a los pobres (cf. Lc 1, 53), a vivir con alegría nuestra vida comunitaria (cf. Jn 2, 1-12) y a permanecer de pie junto a la cruz (cf. Jn 19, 25).

Participantes en el Seminario de Animadoras/es de Comunidades de la CLAR
Candelaria, El Salvador, 6 de agosto de 2011

Para descargar el Mensaje Final favor hacer clic en el botón amarillo descargar

Para ver las fotos del Seminario favor hacer clic aquí



ver noticias anteriores